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“Debemos sobre todo aprender a comunicar, porque es la mayor y más alta expresión de la inteligencia humana. Merece cuidado y cuidado, como se hace con los bienes preciosos como la salud, el trabajo, la cultura y la fe. La comunicación es posible disfrutarla, como un plato típico o como los colores, el perfume, como una obra de arte, una amistad profunda o una íntima experiencia espiritual. A veces creemos que para comunicar es suficiente solo saber el modo: un aviso verbal, un folleto, un sms, un mail, reduciendo así la comunicación a información, mientras la comunicación es un modo de relacionarse. El como nos comunicamos exprime nuestra personalidad: abierta, cerrada, que acerca o aleja, amable o agresiva, sería o superficial.”
Fuente: Carta de Frei Ruggero Valentini, Superior General Hijos de la Inmaculada Concepción 5 de agosto de 2010. Citado en la Revista “Vita Consacrata” 2011 por Aldo Basso, en su artículo “Silencio y vida espiritual”
“La comunicación es un modo de relacionarse”, a esto apunta la reflexión teología y espiritual sobre la comunicación humana. Mas que buscar modelos y esquemas, es importante ser conscientes como son los procesos de comunicación a nivel humano dentro de nuestras comunidades e instituciones. También como podemos mejor la comunicación al externo de la Iglesia. Se que el mayor riesgo es, como también sabiamente puntualiza Frei Valentini, la comunicación sea solo información. Debemos ayudar a crear “ecosistemas” de comunicación. Esta palabra, utilizada por el Papa Benedicto XVI, apunta a la riqueza y complejidad del acto comunicativo. Dentro de este ecosistema comunicativo se incluye todo tipo de comunicación, aún el silencio, la imagen y el sonido. “La aparición de este ecosistema comunicativo, es hoy en nuestras sociedades, algo tan vital como el ecosistema verde ambiental”, afirma Jesús M. Barbero. Muchas veces las prácticas y las críticas a los medios parte de modelos obsoletos, que reducen o simplifican en demasía el acto comunicativo.
