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cultura, Digital, Evangelización, Jornada Mundial de la Comunicación, proceso, web2.0
“Cincuenta años atrás se podía todavía preguntar: ¿quien lee? ahora se debería decir: ¿quien no lee? Es una necesidad de la época nuestra, la nuestra sociedad no sabría vivir sin la lectura. Hoy se desea estar al corriente de todo lo que sucede en el mundo. Cada uno se levanta temprano en la mañana impaciente de recibir el diario, ávido de conocer las nuevas políticas, la sorpresa de la bolsa, el movimiento comercial, las aventuras amorosas de famosos, las extrañezas que acontecen bajo el cielo de la luna de uno y otro continente, de un y otro lado del mar.” G Borgna, Il Re dei tempi, Mano alla Stampa, Asti 1914, pp 114
Esto mismo podríamos decir de las redes sociales, blog y aplicaciones que han transformado, y continúan haciéndolo, nuestras prácticas cotidianas. La información, aún la del tiempo y el transito, se han vuelto indispensables. Las nuevas tecnologías se integran con nuestra vida social y cultural. Vivimos muchas horas frente a la pantalla, interactuando con amigos, formando comunidades, debatiendo de política, de filosofía, de deporte, de nada y de todo. Incluso se habla de infociudadanos, que participan activamente en infociudades digitales.
La complejidad de los procesos tecnológicos y digitales hacen necesario la creación de nuevas categorías de análisis que nos permitan comprender y gestionarlos. Para esto debemos vencer la tentación de la simplificación de las categorías. O de encerrarnos en bloques de análisis. La comunicación es un fenómeno transversal a todas las áreas de la cultura y el pensamiento, aún el de la teología y la pastoral. El uso instrumental, con mayor o menor nivel de profesionalidad, no puede ir separado de una reflexión profunda de como estas nuevas practicas comunicativas inciden en la organización institucional de la Iglesia. Y sobre todo en nuestra propia labor como apóstoles y discípulos en la escuela del Cristo, perfecto comunicador.



